¿Por qué se dice que la vida tiene un sentido?

¿Qué quiere decir esto que repetimos de tantas formas? “Mi vida no tiene sentido”, “He perdido el sentido de mi vida”, “Tu eres el sentido de mi vida”, o “Sin eso mi vida no tendría sentido”. ¿Qué es ese sentido? Tal vez una pregunta que no la hacemos cuando lo tiene, y que aparece cuando lo perdemos.?

Podríamos definirlo como lo que nos impulsa a querer estar vivos, a tener el vigor y la energía para sostenernos, al interés y emoción que nos producen las acciones que emprendemos, sin saber siquiera si llegarán a feliz término. A las ganas de levantarse en las mañanas para comenzar un nuevo día, a inventar proyectos o alegrarse con una puesta de sol, con una planta, o la presencia de la luna. En pocas palabras, a “sentir” que en medio de todas las dificultades la vida vale vivirla.

Al ser humano lo podríamos catalogar como especialista en lo inútil, porque siendo un ser que como todos los de la naturaleza, nace, crece, se reproduce y muere, no sólo se limita a cumplir cada una de estas funciones, sino que se ocupa de adornarlas con cantidad de aditamentos que, parecieran no son necesarios, pero que quien sabe si se sobreviviría sin ellos.

¿Por qué acaso es necesario un jarrón?, ¿un cuadro? ¿Diversos cubiertos y platos para ingerir los alimentos? Y, ¿buscar tantas alternativas para prepararlos? ¿Es necesario para la supervivencia un vestido adornado?, o ¿para dormir una cama pintada? ¿Es imprescindible un buen libro? Nos podríamos extender en la lista que llenaría todo este espacio, para concluir que sin todo eso no moriríamos, y de esta forma es que somos especialistas en lo inútil, que se vuelve muy útil para darle un sentido a la existencia.

Acaso, ¿el que compone una canción, el que logra una pintura, el que escribe una obra o un verso y aquel que lo admira y lo disfruta, lo hace por supervivencia? O es una manera que tenemos de hacernos la vida más grata. Seguramente el origen de que a aquellos que se dedican al arte, los asalte con frecuencia la pregunta, que a algunos puede dejar en el camino, ¿Y esto para qué sirve?

Lo anterior nos permite reconocer que somos seres del deseo, de la búsqueda, equipados para gozar y crear. Una forma también de definir el sentido que nos hace vivir, que cuando se pierde, se cae en ese estado que llamamos depresión, que podríamos entenderlo como una visión descarnada de la existencia, donde todo lo que la adorna pierde su valor y se torna vacía. Un vacío de ganas, dejando al descubierto que lo que queda es la muerte.

Es la razón de que sea un estado de cuidado, que además nos demuestra que ser especialista en todo aquello que parece no necesario para la supervivencia, es muy necesario, porque un interés, a veces el que nos puede parecer más superfluo, puede salvar una vida.

Necesitamos razones para vivir, nada más peligroso que perderlas, a veces nos las dan la espiritualidad y las creencias, en otras un amor, pero este último nos debe poner a pensar, porque no dependiendo de nosotros sino de la presencia del otro, su ausencia puede causar estragos, porque siendo un motivo prestado, no sabemos hasta cuando nos acompañará.

El sentido de la vida es algo particular, personal, es el deseo que nos incita a proseguir, a veces sin saber por qué, pero ahí está, que nos ayuda a levantarnos cuando estamos caídos, y a confiar en que lo que no se pudo conseguir hoy, se podrá conseguir mañana. GC

Por Isabel Prado Misas
Psicoanalista
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